A veces me levanto en mi versión acústica,
la guitarra suena pero al final del estadio nadie oye nada.
Un silbido llega desde lejos
y me indica que alguien se está aburriendo.
Aplaudo y de repente la ovación.

La publicidad apuesta, a veces gana, no siempre. Gerardo es la última creación de Movistar. Gerardo es anticuado, no está a la moda, no sabe de Internet, tiene un corte de pelo horrible y para colmo dice la pucha. Por supuesto Gerardo no tiene celular.
En un blog al pasar escuché: lo único que le falta a Gerardo para ser del todo idiota es tener un Movistar.
Telefónica se jugó por la discriminación, por la burla, por el chiste grotesco y humillante. Le salió mal. La gente prefiere a Gerardo y no a Movistar. Gerardo no está en este pernicioso sistema, no tiene problemas de facturación, ni de atención al cliente. No le calienta lo que una sucia multinacional opine de su casa, de sus fotos, de su vida. A Gerardo ni siquiera le importa salir en la publicidad de Movistar.
Llovió por fin en Buenos Aires; el calor se estaba haciendo apenas tolerable y la humedad hace que de cada cosa que nos rodea emane una pegajosidad casi asquerosa.
Sensación viscosa que se reproduce en las paredes, los pisos, la ropa y nuestros propios cabellos. Los olores comienzan a mezclarse, el hedor se nota y se lo tapa con la perfume. Se pulverizan desodorantes y los más aplicados acuden al jabón. Aún así la podredumbre social no se va, se esconde pero no muere y deja a su paso ese aroma, entre dulzón y acido, que nuestra civilizada sociedad no reconoce como propio.
La bendición de la lluvia lava los pecados de la puerta para adentro; la vuelta al hogar se hace tolerable, se siente bien el fresco. Excepto para mi nuevo vecino y los miles que como él serán nuevos vecinos de alguien cada noche.
Acurrucado con un cartón, con los pelos enmarañados, sediento, quizá un poco borracho y sin zapatos duerme alguien debajo de mi edificio. No se su nombre, si puede o no trabajar, si lo desea, sólo se que tiene frío. La lluvia para él no fue un alivio, como tampoco lo son el sol, el viento o la noche. El mármol del porche no es más blando cada día, ni su imagen mejora con el paso del tiempo.
Mañana viene Chávez a ferro, lo organizan las madres de la plaza. Hoy llegó Bush a Brasil. Negro. Blanco ¿o todo es gris? La publicidad es la medula corroída de este organismo. Publicidad a favor y en contra del imperialismo. Con Irak o sin él. Por el desarme nuclear o por una nueva bomba atómica. No importa lo que diga Chávez mañana en Ferro, es un momento clave en Gran Hermano. Si no fuera tan ingenua hasta podría pensar que éste es el nuevo golpe de estado, ya no se necesitan militares, ni uniformes, ni toques de queda. Es espontáneo la gente no habla, no piensa, no asimila, no discute, mira, mira al gran hermano.
El pobre Clemente tuvo que meterse sus papelitos en el culo, yo llegue a mi casa y volví a toparme con mi nuevo vecino, tiritaba; por las dudas y por si mañana no cambia la ideología le bajé una manta, no sea cosa que llegue el invierno y mi vecino siga tiritando.
Dicen que levantarse a la mañana te cambia la vida. Puede que algunos ya estén pensando y si no te levantas a la mañana, cuándo te vas a levantar; pero esté no es un caso de los de subir arriba, salir afuera, caer para abajo; si no te levantas a la mañana, te podes levantar cuando vos quieras, a la tarde, a la noche, a la tardecita o si tenés mala suerte nunca.
La verdad es que yo hacía tres años que no me levantaba antes de las dos y se podría decir que la mía era una vida apacible, pasaba las mejores horas viendo televisión, leyendo o hasta escribiendo en este mismo blog.
Todos tenemos momentos de lucidez pero parece que éste no fue el mío; la cosa es que este año decidí anotarme en la facu a la mañana, a las siete me levanto, siete y media salgo; Despeinada, con la ropa a medio poner, los ojos pegados abro la puerta del salón; siempre última. No se a qué hora se despertaran las demás, pero si yo tuviera que ponerme encima toda esa producción probablemente no tendría tiempo para dormir. No sólo soy la más roñosa, sino que además no entiendo un pomo de moda, no miro gran hermano y ni siquiera se el significado específico de la palabra top. Peligroso para una futura publicitaria. Más vale me ponga en campaña.

Esta buenísima esta peli, Eli, ya vas a ver! Insistente tironeaba de las bolsas del super y se colgaba del mostrador, mientras yo con la media mano que me quedaba libre trataba de sacar, de una cartera llena, cinco pesos para pagarle al no muy simpático dueño del video de mi barrio.
La brecha entre sus cortos cinco años y los veintiuno míos, no me permitían comprender lo que ella realmente me estaba diciendo, esta muy buena la peli, Eli. Caminamos dos cuadras en casi veinte minutos; paramos dos veces en el camino, una por cuadra, mientras ella repetía confiada cuan magnifico era nuestro alquiler.
Prendimos la compu, acomodamos el futón y nos sacamos las medias y zapatillas; la velada era perfecta. Por fin aparece Cenicienta, renovada, más lineal, moderna, hasta diría que más linda de lo que la recordaba, aún así las segundas partes nunca son buenas, pensé, menos aún las terceras.
Miro la hora, son las doce treinta, en unos minutos vienen a buscar a Martina y yo no saqué la comida del fuego.
Dale, Mar, vení a la mesa si no apago la peli. Timbre. Dale, Mar, el final lo vemos otro día te prometo que la saco. No, no te la podes llevar es del video. Bueno, bueno la semana que viene.
Cierro la puerta, la saludo con la mano y corro escaleras arriba. Llego justo cuando cenicienta esta entrando de colada a su propia boda, y me descubro a mi misma mirando la peli con el mismo interés que mi sobrina; mientras junto la mesa tarareo una canción. Cause I believe in destiny, that you and I were meant to be; Cause I still belive, believe in love. Una vez más Disney me sorprendió a mi misma. Vivo del intercambio cultural.


Tengo mierda de gato en la remera y mierda burocrática en la cabeza. Parece que el asunto viene desde hace años, no lo del gato ya que eso fue hace unos minutos, pero la otra se viene acumulando desde mi inserción a este mundo y el día menos pensado hasta podría desbordarse.
Desde chiquitos aprendemos a hablar mierda, a comer mierda, a creer mierda y porque no hasta producimos mierda. Toda nuestra carrera depende de la cantidad que somos capaces de soportar y cuanto podemos hacer soportar a los demás.
Algunos, fabricantes natos, aspiran a las mayores posiciones de nuestra engorrosa jerarquía y a medida que aumentan y distribuyen su producción de mierda sistemática llegan al gobierno acompañados de una histórica pestilencia que los países olvidados aprendemos a tolerar y hasta respirar.
La mierda que de a poco va creciendo sobrepasa nuestros tobillos, rodillas y nos vamos hundiendo cada día un poco más, creyendo que este nuevo monocultivo va a ser el definitivo.
Atento amigos, no siembren sus campos de mierda, no se olviden que el gran hermano vigila y que nunca habrá mayor productor. Con bosta primer mundista va llenando cada rincón del planeta y va dejando sicarios que nos enseñan a producir para su cadena de montaje. Nuestros paspados culos se arrastran a sus pies y rogando por un poco de papel higiénico nuevamente nos dejamos humillar. Pobres somos y pobre también es nuestra mierda!!
Mis vacaciones son como un cuchillo con filo doble, del cual tuve que aprender a cuidarme para no sangrar.
Volver a casa después de tres años de vivir sola me mostró lo funesto del paternalismo en sus excesos. Las madres con sus cuidados se convierten en decisoras de la vida propia, en influencias difíciles de sortear que evocan viejos momentos y retrotraen toda la culpa que alguna vez sentimos cuando hicimos enojar a mamá.
La relación con mi vieja es difícil y sin herir susceptibilidades me duele tener que esperar que su vara aprobatoria me de el ok para seguir adelante. Sin darse cuenta cada una de sus palabras marca un curso de acción del cual no puedo escapar, menos aún si estoy acá y todo pasa bajo su atenta mirada.
Y lejos de ser un viejo carcelero y aunque directamente no intervenga, mi relación con ella es tan complicada, y no la de ella conmigo, que siento que nada puedo hacer sin pensar primero que va a pensar mamá.
Parece que en esta vuelta alguien más va a tener que pedir ayuda a Freud; será qué tengo un complejo de Edipo mezcla Electra más complejo de lo que debería, será que todavía no logro disociar mi figura de la ella, será que las dos somos tan egoístas que no podemos entender que la vida de una pase lejos de la otra, será qué tengo tanto tiempo al pedo que no paro de cuestionarme boludeses ¿será? Benditas vacaciones.
Me siento como en el medio de algo que no logro distinguir. Entre el terror de rasguñar las paredes porque no acaben las vacaciones y volver a la locura, a la rutinaria esquizofrenia que es mi vida y la angustia, la languidez del que no tiene nada que hacer.
Como todos los febreros las vacaciones van terminando y todo lo que dije que haría no sucedió, luego no podré hacerlo porque entonces ya no tendré tiempo y me lamentaré hasta el próximo febrero. Enero no cuenta porque estoy de vacaciones.
Creo que mi estado natural es quejarme de las cosas y dejarlas tal como están; cuando tengo cemento quiero campo y en el campo me aburro porque no hay cine. Cuando vuelvo a mi casa me quejo porque no tiene balcón, porque no puedo tener un perro y cuando lo veo al mío lo reto porque me ensucia. Cuando estoy lejos extraño a mi familia y cuando los tengo cerca me extraño a mi misma.
Cuando estoy escribiendo quisiera ser Liniers y poner un enano que me saque de apuros. Una lástima sería plagio.

Es jueves, son las siete de la mañana y me acosté a las seis. Estoy en la parada del 124 ya mal predispuesta para mi primera sesión. Aclaré que el turno debía ser de tarde, pero parece que mucho no le importo.
Callao y Santa Fe, tenía que bajar en Córdoba; ya voy tarde y ahora tengo que caminar. Saco de mi bolsillo la dirección y encuentro al portero baldeando la vereda.
Toco el tercero C con sueño; Llegaste tarde, me dice.
Mi psicólogo me da miedo, es la tercera sesión y no cambió el horario; Jueves a las 8. Hablo sobre cosas que nunca viví y él jamás me contesta. Escribe en un cuaderno y si relee alguna frase nunca tiene el mismo sentido.
Todos los miércoles llamo para cancelar; su secretaría no atiende y con él no hablo.
Cada sesión confirmo que ésta un poco más loco que yo; lloro y me ofrece pañuelos. Peleamos por el turno y al despedirme escribe algo más en su ficha.
El jueves pasado llovió, no fui y no llame; No me sentí culpable, podría anotarlo en su ficha si quiere, sabe que me gusta dormir y más con lluvia.
Ahora también llueve, son las cinco y suena el timbre. Bajo, no me anda el portero. Es él, está llorando y trae un paraguas roto. Lo hago pasar a mi consultorio, por ser amigo ésta sesión es cortesía de la casa.
De haber sabido que al leer tu post todos los míos querrían empezar como el tuyo no lo hubiese leído nunca.
Me enfermé, sólo pensé en situaciones que nunca creí que iban a pasar y que antes podrían haberse predicho.
Pensé en escribir sobre gitanas, tarotistas, magos, videntes; hasta pensé en borrarte de mi lista de links.
Por cada rincón donde lo miro tu relato es mi perdición, me hallo en él y me distancio. Me lo apropio y lo rechazo al saber que tantas palabras no salieron de mi mano.
Pero hoy al declararte mi celo desnudo, rompo las cadenas y termino con tu maldición; soy libre de volver a escribir, lejos de tus predicciones y tus atinados comentarios. Hoy soy yo nuevamente y hasta me atrevo a decirte: de haber sabido que al leer tu post todos los míos querrían empezar como el tuyo lo hubiese leído más de una vez.

El colectivo esta por llegar y mientras me refriego los ojos todavía pegados veo la villa detrás de Retiro.
Son las siete de la mañana, hace cinco horas que estoy viajando y sólo dormí dos. Aún así, no importa cuanto halla dormido siempre me despierto en el mismo lugar; a tiempo para ver los galpones del ferrocarril tomados, la plazoleta llena de basura, una olla negra sobre un fogón apagado y unas tres personas, entre ellas una anciana, que viven bajo una sombrilla.
Cada vez que paso por acá son las cinco. A esa hora todos duermen; A veces la anciana tiene una manta para ella sola, a veces la comparte. Hoy no la veo; ya es de día y la gente anda acarreando cosas de acá para allá; una mujer lleva a la rastra un balde con agua sucia, sus piernas son cortas y anchas, las gotas de transpiración le mojan la espalda. Miro hacía a donde se va, hay un camión descargando papas y mujeres que prenden fuego debajo de la olla.
Hace treinta grados, treinta tres de sensación térmica.
En la plaza la basura se amontonó en un rincón y se armaron cientos de puestos que no parecen tener mucho de improvisados.
El colectivo sigue y veo a dos chicos que caminan paralelo a las vías. El paredón de la estación me impide ver a donde van, tomo la mochila y bajo. Voy hasta el ferrocarril, pero no los veo. Cientos de personas caminan vías adentro, el hecho de que pueda venir el tren no parece preocuparles; es que en la feria de retiro no sólo la vida es barata, la ropa también es una ganga.
¿Te quiere? ¿Volverá contigo? O acaso... ¿Te está engañando? Preguntas que te haces siempre pero que nunca nadie sabe responderte.
Por enésima vez en la noche pienso en cerrar la molesta ventana que titila en la pantalla; mentalmente recorro cada una de las Cosmo que leí en mi vida. Recetas para el amor y la seducción, hechizos infalibles y dietas que te ponen al día con un abrir y cerrar de revista.
No lo entiendo, a pesar de mi profundo odio nuevamente lo estoy haciendo. Aunque estoy de novia, encontré al hombre ideal, no tengo dudas sobre la pareja, la química, la relación, los amigos y los celos, siempre queda algún test por hacer. ¿Estáis preparados para vivir juntos?, encima es gallego.
Si la misma pregunta se la hiciera a mi mamá no necesitaría ningún test para conocer la respuesta, pero hoy estoy de humor, vale venga la primera pregunta.
Clasificado mi amor y encasillado en respuestas de supuesta universalidad, descubro que según mujeraldía.com, tengo más defectos de los que debo, no se cocinar, lavar, planchar, no puedo organizar mi tiempo, soy demasiado obsesiva y olvido pagar las cuentas. Hombre, cualquiera querría casarse conmigo ¿o no mi amor?
¿Qué haces con esa valija?, cuidado, no ves que me arrugas la ropa; no tires cosas al suelo; no la apoyes ahí que limpie hace dos minutos; ¿Te acordaste que hoy era nuestro aniversario?; ¿Cómo? ¿Fue ayer? Te compré una flor.
-Por eso te amo. Sonríe y tira nuevamente su ropa en el placard, mañana voy a tener que acomodarlo. Por eso te amo!!