
La lluvia en el interior es el recuerdo de una cascada cayendo a través de las arcadas de la municipalidad, mientras nosotras con quince años, empapadas y abuchonadas, esperamos que pase algún auto por la calle principal.
Siempre que llueve es lo mismo; con las primeras gotas correr a la muni para agarrar los escalones, de a poco empieza a llenarse y el parloteo se hace casi insoportable.
Dos horas, empieza a parar un poco y se detiene el primer auto; todos lo conocemos y uno por grupo se abalanza para ver a quién llevará.
yo con ese estoy peleada, no voy. bueno pero entonces que alguien se quede conmigo. y por qué no le decimos que vaya a avisarle a tati que estamos acá. yo no le digo, yo tampoco.
El auto se va, el semáforo se pone verde y la cascada recobra su fuerza. En el apuro no trajimos el mate y ya no hay monedas para bolsitas de girasol.